Por: Dogor DávalosTal parece que el último partido de las Gallinas ha dejado algo más que el triunfo que los mantiene con esperanzas de clasificación; ha dejado ver como Mou, el gran defensa del Mónaco, consigue encontrarse con esa garra característica, con esa inalcanzable carrera por tapar un tiro del contrario y dejar la piel en el pasto sintético.
Desde que Moy, mejor sigamos llamándole Mou para no perder esa costumbre de años, encontró el balón en las calles de Cordillera, Tabor y Celeste fue buscando una identidad dentro de la cancha de asfalto. La delantera parecía no ser su acomodo al fallar goles cantados, la media se podía considerar una oportunidad para demostrar el gran aguante físico, pero Mou no sentía que rendía lo que podía. Después la portería fue una opción que parecía cuajar; en los partidos donde nadie quería ser el que aguantara los “cañonazos” Mou salía al quite y se convertía en el baluarte de un equipo que evitaba esa posición. Sin embargo el potencial de Mourica, otro de sus múltiples apodos, se vería reflejado en la defensa. Con el tiempo esa madurez futbolística fue tomando forma en la línea defensiva, haciendo de su posición una parte fundamental en el accionar del equipo.
No importaba si se jugaba en la calle, en la Mormona o en el estadio, no transcendía si Nefi, Juanito, El Robert, los Martines o Los Cremitos eran los de enfrente, el Mou aplicaba la filosofía “Herrerista”: “o pasa el balón o pasas tu, los dos juntos nunca”. De esa forma se fue forjando una imagen dentro del barrio, a la cual los contrincantes fueron mostrando un respeto, sabían que si enfrente estaba el oriundo de la Colonia Independencia se iban a topar con pared, si se lo encontraban en la banda derecha y lograban quitárselo con un quiebre le iban a ver la cara a la jugada siguiente y no de muy buena forma.
El nivel que Mouses mostró por varios años se vio truncado cuando en la Final disputada en la Cancha del Golfito un certero golpe en las partes nobles desató una interminable cadena de enfermedades. Desde radiografías, tomografías, medicamentos hasta una cirugía que lo alejaría de las canchas por mucho tiempo. Tuvo que sufrir su distanciamiento con la Coca Cola, con la cerveza pero lo que más le dolió fue ese divorcio prematuro con la pelota.
Bien dicen que el tiempo lo cura todo, y así le pasó al héroe de estas palabras, Mou ha conseguido ir paso a paso venciendo esas enfermedades que más que físicas que parezcan pueden ser mentales, las ha dejado a un lado, se ha reencontrado con su eterna enamorada de cuero, con su inseparable valija del A.C Milán, sus indestructibles tenis y su incansable fe para dar el paso y volver a ser la pieza clave del equipo de amigos.
Este último juego deja un grato sabor de boca a victoria, pero más que eso, deja un interminable sabor a esperanza.
¡Venga Mou, eres grande!
Dogor Dávalos es colaborador del Blog de Las Gallinas de Bronce desde hoy, sumándose a la crónica deportiva sin dejar de lado esa parte humorística y humana que todo texto con sentimiento necesita.
2 comentarios:
Venga MOURICA!!!!!!!!!!!!! Eres Grande Y GAY tambien.........
Amén
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